El sector textil español se vio seriamente perjudicado hace más de una década por la apertura de las fronteras asiáticas y la consiguiente implantación mayoritaria de empresas procedentes de la República Popular de China, que obligaron a muchas marcas de moda íntima, entre otros sectores, a cerrar sus puertas; la falta de controles de calidad del gobierno del gigante asiático en la fabricación de sus productos y su diferente legislación respecto a los derechos de los trabajadores, convertían a los precios de los artículos españoles en escasamente competitivos.

Busca la calidad en tu moda íntima

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Después llegó la inauguración de puntos de venta chinos, multitud de comercios cuyas reglas de actuación entran en conflicto con el resto de comerciantes oriundos. Incluso existe la opinión de que nuestro gobierno ha ofrecido más ayuda y beneficios a los comerciantes chinos que a los mismos españoles. En cualquier caso, nadie podía resistirse a los atractivos precios que estas tiendas ofrecían y que priorizaban a la calidad de las prendas.

Durante los últimos años la apertura de comercios asiáticos ha aumentado exponencialmente y lo curioso es que lo ha hecho de forma sectorizada; primero los bazares, después los comercios textiles y las zapaterías y, los más recientes, las famosas peluquerías con “final feliz”, que han proliferado por diferentes zonas de las principales ciudades españolas con su sello inconfundible: un montón de plantas con lazos y envoltorios rojos que mantienen durante semanas y meses hasta que asfixian al pobre ser vivo y, cómo no, abiertas a todas horas, domingos, festivos y hasta el día de Navidad, con objetos salientes de la fachada y expositores de publicidad en plena calle, además de una pésima higiene; en suma, con todos los factores que pueden suponer una multa por parte del Ayuntamiento, que estos empresarios se pueden permitir. Ahora están creciendo como setas los famosos woks, inmensos locales que ofrecen comida en buffet libre; al menos en Barcelona, en estos dos últimos meses se han inaugurado varios, con su característico séquito de plantas que acabarán falleciendo entre celofanes rojos (pobrecillas).

No arriesgues tu salud por ahorrarte unos euros en cosméticos

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Pero vayamos al grano: para el sector textil, que fue el primero seriamente afectado por los productos chinos, la cosa está cambiando, y mucho. Concretamente en moda íntima hay una negativa cada vez mayor a adquirir prendas made in China, incluso en estos momentos de crisis cuando el precio es un factor de vital importancia. Sí, el consumidor final busca buen precio, pero también calidad, y lo que se fabrica en China está asociado a una calidad ínfima y, por tanto, ha adquirido mala fama. Incluso en los mercadillos se están desechando estos productos: la pregunta que más se repite es: “¿Son chinas estas bragas?” Porque la clienta sabe que esas prendas de ropa íntima suelen durar dos telediarios.

Y en cuanto a las peluquerías, otro sector perjudicado, como detallista especializada en moda íntima que ha vivido todo el proceso previamente, me gustaría desde aquí enviar un mensaje de tranquilidad: en cuanto se empiecen a ver, que será pronto, cabelleras medio carbonizadas por los tintes de mala calidad, ronchones rojos en frente y orejas causados por alergias a productos capilares, o cuando la poca discreción en lo que se refiere a un “final feliz” tras las bisagras de un pequeño biombo comience a hacerse patente, el mercado se acabará concienciando que no vale la pena arriesgar la salud por ahorrarse unos pocos euros, que, en realidad, ya son muy pocos porque los precios se han equilibrado; aunque abran domingos y festivos y sean capaces de esquivar hábilmente a todos los inspectores que pasen.