Un largo viaje en avión tras las vacaciones. Colas inmensas en aduana porque eres extranjero y los funcionarios que no ayudan. Nuestra corresponsal en Chile, Milena Gaete, nos habla de la mala educación y de cómo canvian las cosas ante un accidente como el que han sufrido los mineros chilenos.

La mala educación, demasiado común

La mala educación, demasiado común

Hace días que me ronda por la cabeza escribir este post sobre la mala educación a raíz de una experiencia que tuve en el aeropuerto de Santiago de Chile: regresaba de un viaje y, como pasa en todos (o en casi todos) los aeropuertos si varios vuelos aterrizan al mismo tiempo y coindicen desembarques, se produjeron importantes aglomeraciones. Como es lógico, los extranjeros han de pasar por la aduana y yo, después de una hora y media de esperar en una fila, finalmente llegué a la cabina del control de policía, pero ahí tuve que soportar durante más de 15 minutos el relato de los amoríos de la funcionaria de PDI (Policía de Investigaciones) a su compañera; realmente me sentí un extra de un culebrón. Además, a pesar de que es un país muy, pero que muy burócrata, la funcionaria ni comprobó mi cara con la foto del pasaporte; vaya, que me sentí ignorada.

Pero a pesar de esta experiencia siempre he sido reticente a aceptar que esta actitud sea generalizada, así que después de unos intercambios de opiniones con gente oriunda, decidí elaborar una miniencuesta casera entre un centenar de personas, más o menos. La encuesta sólo tenía como rigor científico que la pregunta siempre era la misma: “¿Te sientes bien atendido/-a en general por quien presta servicio al público?”. El poco sorprendente resultado fue que la gente está descontenta con la atención recibida por parte del personal sanitario en hospitales y centros de atención médica, así como por parte de dependientes, funcionarios y personal del transporte público, en general, y podría continuar haciendo una larga lista.

Quizás este malestar es porque no les gusta trabajar, pero recordemos que según el Génesis el trabajo es un castigo divino (“… te ganarás el pan con el sudor de tu frente…”), así que solo queda poner buena cara y capear el temporal como buenamente se pueda, ya que quejarte por la aventurilla que tuvieron Adán y Eva a estas alturas no sirve de mucho. Otra posibilidad es la que apunta la psicóloga chilena Pilar Sordo en su estudio sobre por qué la gente no es feliz, donde teoriza que existe “un culto o respeto” al mal genio.

En estas andaba yo en busca de la A·M·A·B·I·L·I·D·A·D cuando, después de 17 días del accidente minero sucedido en la mina San José en el norte de Chile, donde quedaron atrapados 33 mineros a más de 700 metros, saltó la noticia de que se logró contactar con ellos y estaban todos vivos. Fue entonces cuando me sentí descolocada, ya que todas las personas de este país se unieron en un sentimiento de alegría, abrazos, cantos y banderas para celebrar que no se habían producido las desgracias personales que se temían.

La conclusión a esto es que creo que el entorno condiciona a la condición humana, y aquí, con volcanes, maremotos, terremotos, grandes accidentes, etc., la gente tiene que ir dosificando su alegría. Aún así sigo pensando que la mala educación está totalmente fuera de lugar y se tiene que erradicar.