Por si no lo sabían, como sucede cada cuatro años, en junio de 2010 se disputa el Mundial de Fútbol y el país organizador es Sudáfrica. Dicho evento se instauró en 1930 y se ha realizado puntualmente cada cuatro años, a excepción de en 1942 y 1946, debido a la Segunda Guerra Mundial. Y aquí, en el cono sur, existe una fiebre futbolística y mundialera contra la cual no hay medicamento curativo ni paliativo.

Bjorn Börg, llevando el fútbol muy adentro

Bjorn Börg, llevando el fútbol muy adentro

El personal es tan forofo que están convencidos que sus selecciones regresarán con el preciado trofeo que los premia como campeones mundiales, y sí, es cierto que si están disputando el Mundial es porque han superado unas eliminatorias previas, pero de aquí a ser campeones del mundo habiéndose clasificado por los pelos en algunos de los casos… hay que tener más moral que el Alcoyano. Y aunque soy futbolera de pro y seguidora del buen balonpié, he de confesar que estoy saturada de tanto patriotismo, alabanzas, estadísticas, azar, carambolas, antes de que empiece tan esperado espectáculo.

Quizás sea el carácter criollo. En Buenos Aires, en la plaza del Obelisco, ya hay gente esperando a que Maradona cumpla su promesa si Argentina sale campeona del mundo -mostrarse en cueros-. Por el bien de la humanidad, espero que nos podamos ahorrar dicho espectáculo sin ánimo de perjudicar a la selección albiceleste, pero solo imaginarme a Diego Armando corriendo desnudo me recorre un escalofrío difícilmente superable. No debemos olvidar que las selecciones sudamericanas que acompañan a la ya nombrada selección argentina son Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile.

Tal es el fanatismo que en las empresas, en el transporte público, en los organismos oficiales, en las escuelas, ya están instalados amplios dispositivos de pantallas para seguir los partidos… Pues sí, señores, debido a la diferencia horaria los partidos se emiten desde las 7.30 a.m. hasta las 2.00 p.m. coincidiendo con la latosa e inoportuna jornada laboral. Los colegios han pasado circulares donde los padres pueden autorizar a los hijos a entrar a las 10.30 a.m., después de finalizado el partido correspondiente a la selección, por lo que los niños tendrán la oportunidad de verlo o en casa o en el colegio. En los centros de trabajo se han llegado a acuerdos con las diferentes direcciones para modificar los horarios y así poder visionar los encuentros… Y sí, digo visionar, porque dentro de cada uno de los seguidores de las cinco selecciones sudamericanas hay un entrenador.

Pero no hay partido de fútbol que no esté acompañado por un buen aderezo gastronómico y vinícola. Pues bien, también están organizando ya cómo serán esos desayunos futboleros, los cuales no serán nada equilibrados ni fácilmente digestivos. Me gustará ver quién es el guap@ que después de tanta emoción, tanta comilona y tanta adrenalina corriendo por el cuerpo se centra en el trabajo y rinde en función a lo que se espera, y eso si todo va bien y su equipo gana, porque si van mal dadas ya veremos lo que pasa. Y para acabar, siguiendo el ejemplo de la conocida marca Björn Borg, han proliferado los bóxer alusivos a las selecciones mundialísticas, que se unen a las bufandas, gorros, camisetas, en definitiva, la indumentaria obligatoria de los seguidores de un equipo de fútbol.

¿Alguien ha pensado que entre nosotros cohabitan esas raras personas a las que no les gusta el fútbol en absoluto? Sería un buen acto hacer un ejercicio de empatía con todos esos hombres y mujeres bombardeados con balones de cuero desde los medios escritos, la televisión, internet, etc. Las conversaciones en el bar donde cada mañana toman el café son de fútbol, al tomar un taxi el taxista lleva sintonizada la radio en un debate donde opinan si Menganito está bien de la lesión, o si Fulanito está al cien por cien, o si la decisión del “míster” de permitir a los jugadores mantener relaciones sexuales durante la concentración es correcta o no. Desde aquí quiero enviar mi solidaridad a esas personas que saben que, además del fútbol, existen otras cosas con las que disfrutar.