Días después y con la resaca del terremoto creo que puedo dar una impresión, y como tal es subjetiva, que incluso los terremotos hacen distinción de clases sociales. Chile, uno de los países latinoamericanos que está a punto de cumplir el bicentenario de su independencia, y que a lo largo de todo este tiempo ha tenido políticamente un par de épocas oscuras, no ha podido superar aún las diferencias de clases sociales.

Refugiados y carreteras después del terremoto
En ocasiones como ésta es cuando se hace patente el clasismo, ya que dentro de las regiones que han sido declaradas zonas catastróficas podemos encontrar a los que han asistido como meros espectadores –no han sufrido más daños que el susto- y otros que han sufrido la pérdida de parte de sus vidas, coincidiendo los primeros con las clases acomodadas y los segundos con las sociedades menos favorecidas.
Sin duda se está viviendo una situación crítica y de convulsión social, pero me pregunto si los medios de comunicación no han actuado, en parte, de manera incendiaria dando como resultado el pánico social a fuerza de repetir constantemente y de forma ininterrumpidas imágenes de incendios donde se especulaba sobre el origen de los mismos. Este pánico se traduce en los actos de pillaje que han sufrido algunas zonas. En este punto encontramos dos tipos de saqueadores, y se tendría que distinguir entre los individuos que han realizado saqueos entrando a los supermercados por la fuerza y los que lo han hecho a través de la tarjeta de crédito acaparando víveres y llevando, de esta manera, a una situación de más confusión.

Saqueos en los supermercados de Chile
Pero estoy convencida de que, a pesar de todo, la población chilena se levantará, una vez más, de los reveses sufridos. Con carácter de deseo, espero que se recorte el camino de los de Villa-arriba con los de Villa-abajo.
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