Letrado de su propio bufete, escritor, y por si fuera poco el autor de novela histórica que más vende en España (su último libro, “La mano de Fátima” se ha convertido en su segundo best-seller tras “La catedral del mar”)… Probablemente, tal ha sido su popularidad, piensas que ya lo has escuchado todo de Ildefonso Falcones. Pero en el número 16 de INTROVERSION te revelamos facetas desconocidas de este hombre de talante sosegado y cordial, que parece asumir el éxito literario con sana distancia, convencido de que el esfuerzo es el común denominador de todos aquellos que, como sus protagonistas, luchan por salir adelante. Aquí tienes un avance.

Ildefonso Falcones, en la mezquita de Cordoba, marzo 2009 (foto Joan Tomás)

Ildefonso Falcones, en la mezquita de Cordoba, marzo 2009 (foto Joan Tomás)

Ildefonso nos comenta qué le fascinó del episodio histórico del que trata su novela, la tragedia de los moriscos y en su expulsión de España hace 400 años: “Hay dos cosas: por un lado, el tema de los caballos. Yo conocía una orden de Felipe II de crear una raza de caballos nuevos, cortesanos, de lucimiento, para la nobleza, y eso cuadraba con la historia de la expulsión de los moriscos. Todo junto me llevaba a un paisaje muy interesante, y sobre todo a una historia luctuosa y poco conocida, creo yo.” Su protagonista, Hernando, héroe de un apasionante relato de amor y lucha por la convivencia entre culturas “es un alpujarreño sin conocimientos, un morisco que vivía entre dos religiones: la cristiana u oficial, que les obligaban a aprender, y la religión musulmana que practicaban en secreto. A partir de ahí, ese personaje tenía que llegar, en mi guión, a ser un intelectual capaz de participar en la trama de los libros plúmbeos del Sacromonte de Granada, y de enarbolar el hecho de mantener su cultura. Sus objetivos personales se cumplirían en el momento en que pudiese conseguir esa convivencia entre dos culturas, esa tranquilidad que permitiese a los moriscos vivir en paz.” Y, como en cualquier historia que se precie, también hay protagonista femnina, Fátima: “Decidí crear una mujer fuerte, una mujer con decisión, con empuje. Los historiadores sostienen que las madres eran personas clave para la transmisión de la cultura, porque en aquella época se decía que ningún hijo denunciaría a su madre a la Inquisición. Las madres tuvieron un papel importante y preponderante en la transmisión de la cultura musulmana en secreto y a escondidas. La defino a lo largo de toda la novela como una mujer para quien la religión cuenta muchísimo.“ La novela explica también interesantes anécdotas históricas relacionadas con las mujeres: “A partir del Concilio de Trento hubo bastantes cambios en la Iglesia, y uno de ellos fue precisamente separar a las mujeres de sus confesores porque se daban muchísimos casos de, si no abusos, sí de favores sexuales de las mujeres hacia los sacerdotes.”

Portada de "La mano de Fátima"

Portada de "La mano de Fátima"

Los protagonistas de Ildefonso Falcones son hombres de una pieza, luchadores y con sólidos principios: “Yo creo en la cultura del esfuerzo, y hoy en día la juventud no cree en eso; buscan la satisfacción inmediata en absolutamente todo. Yo creo que el esfuerzo es algo común en la mayoría de la gente que trata de salir adelante. Creo en ello y en ese sentido me defino”. Esta opción por el esfuerzo le llevó a encajar con constancia que su novela fuera rechazada por varias editoriales. “Como no era mi trabajo, no vivía de ello y no pretendía nada especial salvo que me publicaran la novela, pues tampoco llegué a tocar fondo. Tienes que estar satisfecho con lo que has hecho y punto. Hombre, hay veces que molesta cuando te devuelven un ejemplar que ves que ni siquiera lo han leído, pero exceptuando eso se trata de ser constante, pensar que lo tuyo es bueno, y si crees eso, seguir insistiendo. “Y, como se suele decir, el éxto no le ha cambiado: “Mi entorno es el de siempre, vivo en la misma casa, tengo los mismos coches, los mismos niños (risas), veraneo en el mismo sitio, todo igual, más o menos.” Dejando a un lado el tema histórico, Falcones nos habla de las miserias actuales, que no son muy inferiores a las de las epocas que trata en sus novelas: “La trata de mujeres, por supuesto, la explotación de los niños, la semi-esclavitud en la que se ven muchas personas… Además del hambre, yo creo que ésas son las principales lacras, lacras que dependen de la voluntad de las personas, es decir, que tienen detrás a un grupo de personas que llevan a cabo esas actuaciones; también está la pedofilia…” Sin embargo “en aquella época la injusticia era legal, estaba establecida por la ley y por las costumbres, no estaba mal vista. Hoy vivimos una época en la que, a partir del humanismo, somos capaces de discutir las doctrinas y las teorías y de rebelarnos contra lo que consideramos que no es correcto.” Para la difícil conciliación literaria-familiar, cuenta con la ayuda de su esposa: “Colabora en la corrección, revisa, hablo con ella y me proporciona todo el apoyo logístico, todo, si no esto sería imposible, con una familia con cuatro niños… Si no tienes una persona al lado que confía en ti y participa de ese proyecto común, no lo puedes hacer. Sin su ayuda no lo habría podido hacer, soy muy consciente de ello.” Y, sin embargo, ho ha podido consegurir que sus hijos lean más: “Tienen entre 5 y 13 años, están en la época en que tienen que saltar de la lectura mecánica a la lectura funcional. Yo ya no pretendo que disfruten de la literatura, eso ya lo he dejado, lo único que pretendo es lograr ese salto, pero tampoco lo consigo.” Bueno, Ildefonso, no todo pueden ser éxitos…

Janira

Janira

Sexo con camisola En diversos pasajes de “La mano de Fátima” queda patente la brutal represión que sufrían las mujeres cristianas de la época. Las españolas del siglo XVI tenían prohibido el placer durante el acto sexual, que practicaban sin quitarse la ropa interior. Así lo explica Ildefonso Falcones: “No sé si todas hacían el amor con una camisola, pero hay muchos datos históricos que así lo reflejan. Según el criterio cristiano, el acto sexual estaba mal visto, lo único que se permitía era engendrar, todo lo que no fuese ese objetivo era pecado. Los maridos no contemplaban desnudas a sus mujeres, supongo que luego iban a las mancebías (prostíbulos), que para eso estaban”.