Estaba mostrando a mi clienta uno de esos sujetadores con tirantes multiposiciones para llevar con prendas escotadas de espalda, camisetas cruzadas o anudadas al cuello y, de repente, la oigo bromear diciendo: “¿Dónde está el manual de instrucciones del sujetador?

Nunca hay que ponerse la ropa íntima con prisas

Nunca hay que ponerse la ropa íntima con prisas

Porque no es que haya que ser un ingeniero de NASA para aprender, pero lo cierto es que tanta multiposición te marea un poco. “Pues sí, mira, aquí tienes el manual de uso, viene añadido a la etiqueta colgante de la prenda, una especie de chuletita con el croquis de sus cinco posibles combinaciones. Sobre todo no la pierdas, si no olvidarás todas las posiciones posibles; y recuerda que si quieres cruzar los tirantes debes darles más extensión, a no ser que quieras acabar como el jorobado de Nôtre Dame”.

Pero para mí, la complicación por excelencia es el liguero y la razón es la falta de práctica. Es una de esas prendas especiales que te pones de vez en cuando y, si no usas unas medias especiales para llevarlo, la cosa se complica. La mayoría de medias que se venden son con encaje en la parte superior, con dos tiras de silicona interior para adherirse a la pierna y, al abultar más, el botoncito de goma que tiene que pasar por el ojal metálico del liguero cuesta de abrochar. Después de pelearte con los cuatro enganches, descubres que las tiras de detrás no están paralelas, y es que te has tenido que contorsionar unos 90 grados al mismo tiempo que atinas enganchándolo. En un arranque de esos “por narices que me lo pongo”, consigues abrocharlo de nuevo y sales a toda prisa porque ya llegas tarde a la cena. Pero, claro, las prisas nunca son buenas, y una vez en el restaurante, al intentar alcanzar la sal para aliñar la ensalada, una de las tiras se suelta convertida en una especie de tirachinas para rebotar a conciencia con tu nalga derecha. El grito está asegurado, la visita al servicio también y las bromitas de tus amigos por descontado; y además, de por vida.

En fin, pensé, podía haber sido peor, recordando aquel día que me di un buen baño de crema hidratante en las piernas, olvidando que iba a ponerme medias de sujeción de silicona, que absorbieron la crema y se cayeron ambas al subir al autobús ante la mirada de la mayoría de sus ocupantes. Me consolé, de nuevo, rememorando la historia de una amiga a la que se le ocurrió subirse a un autobús con las bolas chinas puestas y claro, con tanto vaivén, las bolitas acabaron como mis medias, pero haciendo un estrepitoso cataclock. Siempre puede ser peor…

Un invento nada ingenioso fue la “brillante” idea de una de mis clientas, que utilizó esas bolsitas de gel para aumentar el pecho pero con un sujetador no adaptado, o sea, que carecía del típico bolsillito donde incorporarlo. Estaba comiendo con un cliente importante y al levantarse para ir al baño, gesticulando con los brazos, una de las bolsitas de gel resbaló de su sujetador para acabar flotando en la vichysoisse del cliente. El salpicón fue espectacular, el manchurrón tridimensional y el “perdón, esto es mío”, metiendo la mano en el plato, alucinante.

Y es que la ropa íntima en ocasiones precisa de ingenio, le sobran las prisas y provoca algunos accidentes anecdóticos.