Estimados señores fabricantes de moda íntima:

Les escribo como comerciante de ropa interior y también consumidora de la misma. El motivo de la presente es pedirles una urgente reinserción en la sociedad de las etiquetas interiores de las prendas, porque la mayoría de ellas son unas “asesinas”.

Y es que miles de personas hacen un llamamiento de auxilio respecto a las terribles consecuencias de estos trocitos diminutos de tela dura, que pincha, pica y en muchos casos hasta causa rozaduras, especialmente las que van cosidas con los bordes doblados formando esquinas puntiagudas que no tienen piedad sobre nuestra piel.

Código de barras de una de tantas etiquetas asesinas

Código de barras de una de tantas etiquetas asesinas

Entiendo que hay unas normas internacionales que obligan a detallar la composición porcentual de las fibras que forman el tejido de la prenda, su origen de fabricación, los controles de calidad que han pasado y los cuidados que necesita: informaciones todas ellas primordiales para el bien del consumidor; pero ¿no existen otros métodos de transmitirlas? Porque hay sujetadores y bragas que vienen realmente ilustrados, de hecho en algunos casos pesa más la etiqueta que el tanga.

Yo, personalmente, hace años que las descoso (después de instruirme con ellas, por supuesto), aunque esos diminutos pespuntes, algunos cosidos con hilo transparente de nylon que no hace otra cosa que acentuar todavía más los instintos homicidas de la etiqueta, hacen que no resulte una tarea nada fácil ni siquiera para mí, con un largo aprendizaje como modista y corsetera. Aparte de que el inminente resultado de un descosido con prisas o sin gafas es un agujero en la prenda. Por otro lado, si decides proceder a la mutilación del apéndice asesino, la acción no resulta nada efectiva, pues siempre quedan puntas que todavía pinchan más.

Y lo peor es que no se trata de una muerte súbita: la etiqueta te va matando poco a poco y cuando te das cuenta de su existencia jamás tienes a mano unas tijeras para establecer una más que justificada defensa propia, y ese pedacito de tela que parece hecho con ortigas te desquicia durante el resto del día.

Una sufrida afectada por las etiquetas de algunas prendas íntimas

Una sufrida afectada por las etiquetas de algunas prendas íntimas

Y para aquellos consumidores menos sensibles de piel que quizás no noten sus incomodidades, despistados e inconscientes exhibicionistas que la lucen por fuera del bañador, calzoncillo o braguita, decirles que esa terrible visión rompe todo glamour y encanto.

He llegado a preguntarme si el inventor de las etiquetas textiles era nudista; en serio.

Confío que estudiarán el problema, y que algún día esa preciada información que nos proporcionan de las prendas llegue a transmitirse de una forma más “cariñosa”; porque, claro, no nos pueden vender unas braguitas confeccionadas en un tejido tan suave como una segunda piel, y que al estrenarlas ejerzan de lijadoras corporales a jornada completa.

Atentamente,

Una de las miles de alérgicas a las etiquetas