Braguitas que se pierden en sitios insospechados, calzoncillos puestos del revés, hombres vestidos con braguitas… A todos nos ha pasado, en un momento o en otro, alguna historia curiosa y seguro que divertida con las prendas íntimas nuestras o de nuestras parejas. JanMen, marca de moda íntima masculina, a través de INTROVERSION y de este blog lanzó una promoción en la que regalaba el pack Neceser Fresh (compuesto por dos slips o bóxers y un práctico neceser) a aquellas personas que nos escribieran anécdotas divertidas sobre prendas interiores. Ha sido todo un éxito y ahora te mostramos las mejores. No tienen desperdicio alguno. Léelas y seguro que pasarás un buen rato. Disfrútalas y ¡no te olvides de participar en las siguientes promociones de nuestro blog! Y a todos los que habéis escrito para esta promoción, muchas gracias por vuestra colaboración y por vuestro genial sentido del humor.

Modelo Denver, de JanMen

1.    Ana,  40 años
Un día fuimos la playa y mi pareja se olvidó el bañador. Como la ropa interior actual es tan bonita pensó que nadie lo notaría, pero, nada más llegar, encontró a unos amigos que le sacaron los colores al descubrirlo y bromear al respecto.  ¡Nunca más se ha puesto en ropa interior fuera de casa!

2.    María, 17 años
Me encontré unos calzoncillos muy monos en las escaleras del edificio donde vivo. Los cogí, los lavé y se los regalé a mi novio diciéndole que eran muy sexis. En cuanto se los di se los puso, y como le gusta ir enseñando calzoncillos con los pantalones bajos, mi vecino se los vio y ¡resulta que eran suyos! No pude pasar más vergüenza cuando mi novio me miró y me dijo: ¿estos calzoncillos los habías encontrado en el suelo y me los has regalado y encima son del vecino? ¡Me quería morir!

3.    Salvador, 25 años
Aunque para vosotras las mujeres sea algo normal poneros y quitaros un sujetador, para los hombres, o por lo menos para mí, fue una odisea la primera vez que lo intenté. Coincidía que mi pareja y yo éramos nuevos en el tema de las relaciones y ni ella se atrevía a decirme que se lo quitaba ni yo lo conseguía por mucho que lo intentaba, así que después de más de 10 minutos y unos cuantos intentos tuve que decirle que se ocupara ella del tema. Para mí eso supuso un gran apuro, pero menos mal que en las siguientes ocasiones mi novia empezó a usar sujetadores con broches de imán y poco a poco ya empecé a familiarizarme con los de corchetes también. ¡Espero que nos comprendáis y nos ayudéis con este problema masculino, chicas!

4.    Noelia, 25 años
En una salida a la playa, con las prisas, mi pareja se dejó los calzoncillos en casa y a la hora de la ducha se tuvo que poner unos prestados que le venían muy estrechos. No dijo nada por vergüenza y estuvo todo el día con un dolor de testículos impresionante. ¡Ya no se ha vuelto a olvidar de ponerlos en la bolsa de viaje!

Fresh, un JanMen muy 'fresco'

5.    Maite, 41 años
Un día invité a un grupo de amigos a cenar y en la sobremesa salió el tema de la ropa interior y de lo que había evolucionado y de los estampados. Entonces uno de mis amigos, el chistoso del grupo, nos contó que él hacía décadas que habia visto calzoncillos con estampados de letras, cuando su madre decidió asegurarse de que su padre se cambiaba cada día de ropa interior y le compró siete calzoncillos estampados con los días de la semana… ¡Lo que tenemos que hacer las mujeres para conducir a los hombres por el ‘buen camino’!

6.    Mercè, 40 años
En la boda de un hermano, mientras estábamos bailando, a mi marido se le desabrochó el cinturon y se le bajaron los pantalones, enseñando al personal una ropa interior blanca con corazones de color rosa ante el júbilo general.  ¡Un mal día para aquella elección de prenda íntima!

7.    Francisco, 55 años
Mi mujer y yo nos disponíamos a tener una noche loca de pasión (pensando que nuestro hijo estaba dormido hacía rato), y cuando nos dimos cuenta el niño había bajado muy sigilosamente por las escaleras y pretendía saltar a nuestra cama para darnos una sorpresa. Cuando me dí cuenta intenté ponerme los slips lo mas rápido que pude, de manera que metí las dos piernas por el mismo agujero, con lo que acabé tirado en el suelo mientras el niño se instalaba cómodamente en la cama.

Otro modelo de JanMen, Cannes

8.    Mari Carmen, 3o años
Un día estaba mi pareja muy emocionado “en el tema” haciendo algo raro por mi espalda. Yo no sabía si era un masaje o es que se había vuelto loco… pero no, es que llevaba media hora intentando desabrocharme el sujetador por la espalda… Entonces le dije: “Cariño, no sigas intentándolo, ¡que este sujetador tiene el cierre por delante!”

9.    Carmen, 50 años
Fue un encadenamiento de circunstancias muy poco afortunado en el peor momento posible. Un día mi marido estaba en una reunión de empresarios y de golpe se le rompió la cremallera de la bragueta. Acto seguido, tuvo que ir con el resto de los asistentes a un restaurante a comer con los pantalones sujetos sólo por el botón, con tan mala suerte que éste no pudo aguantar la presión y saltó, y cuando él se levantó pera decirle al camarero que trajera la cuenta, se le cayeron los pantalones dejando a la vista sus calzoncillos ante los importantes invitados.

10.    Eduardo, 43 años
Un día,  en un cámpig de Ibiza donde pasábamos las vacaciones de verano, teníamos colgada la colada y un tío se puso a husmear en la ropa interior de mi pareja. Yo le entré y él se puso gallito, pues su novia tenía un conjunto igual, y por eso estaba seguro de que se lo habíamos quitado y se dispuso a cogerlo para llevárselo. Menos mal que al final se percató que en la última sesión amorosa con su pareja él le había roto la puntilla de la pernera de la braguita, mientras que la de mi novia estaba intacta. Pidió perdón y se fue, pero aquello sirvió para que en día posteriores forjáramos una pequeña relación de amistad y para que nuestras parejas se rieran mucho cuando se enteraron de la situación.

11.     Carmen, 48 años
Siguiendo la tradición del Domingo de Ramos, en la que se dice que hay que estrenar algo o “te cortan los pies y las manos”, como no se me ocurría que regalar a mi pareja tiré de la socorrida ropa interior. Le compré unos boxers monísimos, pero para mi sorpresa y la suya, cuando abrió la caja el domingo para estrenarlos lo que había allí dentro no eran unos calzoncillos sino… ¡una sábana! ¡Su talla mediana se había convertido en una XXL! No se sabe si fue un error de fábrica o alguien nos dio el cambiazo, pero aquel día no pudo estrenar nada. Eso sí, ¡todavía conserva los pies y las manos!

12.    Daniel, 35 años
Mi historia se remonta a una de nuestras vacaciones de verano. Estuvimos en un pueblecito de la Toscana en la increíble Italia, un pueblo perdido, pequeño y precioso. El problema es que mi maleta no “aterrizó” con nosotros, aunque sí lo hizo la de mi mujer. Así que estuvimos compartiendo ropa interior durante unos días, y créanme, ¡no hay sensación más rara que llevar las bragas sexis de tu mujer uno mismo!

13.     Juan, 81 años
Son muchos años con mi mujer y anécdotas hay para contar y contar y, cómo no, en lo referente a su ropa interior. En una ocasión, cuando éramos jóvenes, viajábamos con toda la familia hacia la playa alicantina en un Citröen familiar. Entre los pájaros y las plantas y lo demás que llevábamos en aquel entonces, ni pensé en meter mi bañador en la maleta, así que nada más llegar y con el sofocón del viaje, como todos querían irse a la playa, no encontré nada mejor que una de las fajas de mi mujer. La verdad es que parecía un bañador de último modelo y ¡gracias al error conseguí ser el más moderno de la playa!

Esencial, de JanMen

14.     C. Juan, 22 años
Fue durante un intercambio de estudiantes en Alemania. Con el descontrol de la vida estudiantil me encontré en mi última noche con toda mi ropa interior por lavar. Así que, para salir a la discoteca y celebrar mi marcha, tuve que utilizar unas braguitas de mi compañera de piso alemana, pasando una vergüenza terrible. ¡Os puedo asegurar que bailé muy discretamente toda la noche por miedo a perder aquella diminuta prenda!

15.     Eduardo L., 51 años
Para festejar un aniversario, mi mujer se había comprado un tanga muy sexy que por detrás llevaba una cadenita muy fina de unión que se desarmó en el primer instante. De modo que, en lugar de lo que tenía previsto hacer aquella noche, que ya os imaginaréis, ¡me tocó hacer de manitas y buscar unos pequeños alicates para hacer la reparacion “al instante”!

16.     Laura, 41 años
Tengo una cuñada muy moderna en cuestión de ropa interior; por el contrario mi marido suele ser bastante clásico al respecto. Un día, para su cumpleaños, mi cuñada nos sorprendió con un regalo muy original: unos calzoncillos sin costuras con una pieza especial para moldear bien el “paquete”… Cuál fue mi sorpresa cuando vi que mi marido recibió el regalo con gusto y, en adelante, se los ponía muy a menudo haciendo alarde de lo bien que le sentaban. Tanto es así que (suele ser muy exagerado para explicar sus cosas) en una reunión de amigos propuso enseñarlos a todos los asistentes para que vieran lo bien que le quedaban y… ¡tierra, trágame!, al bajarse los pantalones resultó que los llevaba puestos del revés… ¡y de esa manera iba cómodo, imagénense cuando se los puso bien!

Cotton, otro atractivo modelo de JanMen

17.     Lázaro, 47 años
Yo no soy de esa clase de hombres que suele comprarle ropa interior a su mujer. Pero un día quise hacerme el moderno y me lancé. La sorprendería con ese regalo que seguro no esperaba y la noche que viviríamos a continuación sería inolvidable. Así es que entré en la tienda, un poco tímido, y me dirigí hacia la dependienta para que me asesorara. El primer problema: la talla. Como no tenía ni idea, empecé a explicarle que más o menos era de mi anchura y, como no nos poníamos de acuerdo, me sugirió que me probara la prenda. La miré incrédulo pero me lo dijo tan convencida que accedí. Así es que, con la ropa interior en mano, pasé al probador y cerré la cortina. ¡Y qué manía tienen las dependientas de, cuando menos te lo esperas, abrir la cortina para ver cómo va todo! Allí estaba yo vestido con ropa interior femenina y todas las miradas de las clientas puestas en mi persona. ¡Ni se imaginan cuánto llegué a pensar en su familia! No sabía dónde esconderme. Además, y para colmo, cuando le di el regalo a mi mujer no se me ocurrió nada mejor que explicarle mi historia, con lo que ella no podía dejar de reír y yo me enfadé tanto que me fui a dormir. Así que, encima, aquella noche nada de nada. ¡Nunca más he vuelto a entrar en una tienda de moda íntima para mujer desde entonces!

18.     Pablo, 45 años
Tenía previsto un viaje de negocios y mi pareja me iba a acompañar, por lo que preparamos dos maletas individuales como siempre. Un imprevisto familiar provocó que ella tuviera que quedarse, y yo cometí la torpeza de marcharme con la maleta de ella. Al llegar a mi destino y abrirla, ante mi sorpresa, me encontré con faldas, sujetadores, tangas y bragas de puntilla y encajes. El despite me costó un dineral, ¡pero la alternativa era ésa o bien ponerme monísima!

19.    Xavier,  38 años
Hace muchos años el hermano de un colega de la facultad me dejó su piso una noche para que fuera con mi novia de entonces. Por la mañana, antes de irnos, dejando la casa inmaculada, no fuimos capaces de encontrar sus braguitas. Imposible. Una hora poniendo la habitación patas arriba y nada: habían desaparecido como por arte de magia; todavía no entiendo cómo sucedió. Las dimos por perdidas y nos fuimos. Al día siguiente, en la facultad, delante de un numeroso grupo de gente, el dueño del piso nos devolvió la prenda, provocando el cachondeo general y un enrojecimiento extremo de mi pareja. Dijo que las había encontrado dentro de la funda de la almohada al notar algo extraño… ¿cómo pudieron ir a parar allí y por qué no las encontramos nosotros después de tanta búsqueda? En fin, misterios de la naturaleza y de la testosterona propia de los 20 años… Además,  a la propietaria de la prenda en cuestión siempre le quedó la duda del uso que se habían hecho de aquellas braguitas durante las horas en que no las tuvo en su poder.

20.     Antonia, 29 años
No es precisamente de mi pareja ni de su ropa interior de la que trata esta anécdota, pero es tan curiosa que me gustaría contárosla. Resulta que mi hermana tiene una tienda donde se venden prendas íntimas para chicos muy actuales y de diseños muy atractivos, y mi jefe, con el que hace años que trabajo y al que me une una gran amistad, me encargó unos bóxers súper fashion que había visto en un catálogo para darle una sorpresa a su novia la noche de su aniversario, que siempre se queja de que es muy tradicional en moda interior. Se los llevé al despacho el día en cuestión, pero tuvo que salir a solucionar un problema con un cliente y, con las prisas y los nervios, se dejó la prenda. Como sabía que era muy importante para él, los cogí y me los llevé a casa con la idea de llamarle para que viniera a buscarlos antes de la importante cita. Les dije a unas amigas, con las que había quedado para tomar algo, que iba a telefonear a mi jefe, y cuando oyeron que la conversación era: “Oye, tienes tus calzoncillos en mi casa. Pasa a recogerlos antes de que llegue tu novia”, comenzaron a mirarme de una manera extraña, ¡y no sabéis lo que me costó que creyeran la verdadera historia! Tanto es así, que me parece que aún sospechan que estoy liada con mi jefe. Lo bueno es que desde entonces tengo una reputación de ligona ante mis amistades que no os podéis imaginar.